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domingo, 1 de mayo de 2011

Intimidad: tan cerca y tan lejos


Creo que El buda de los suburbios es uno de los libros que más he regalado últimamente. Me volví una evangelizadora infumable. Se lo regalé a mi hermano para navidad y cuando lo estaba leyendo cada cinco minutos le preguntaba por dónde iba, si no se había cagado de risa con tal parte o si no se había muerto del amor con tal otra. Así que tenía clarísimo que quería leer otra novela de mi amigo Hanif y ni bien pude me compré "Intimidad".

Cuando lo empecé acababa de leer The Devil in the White City y estaba desesperada por una buena ficción. Me esperaba la misma combinación infalible de ternura e ironía pero me encontré con un libro lleno de tristeza y desencanto. Las primeras palabras son: "It is the saddest night, for I am leaving and not coming back" y es la historia de la última noche de vida familiar de un tipo que está a punto de dejar a su mujer y a sus dos hijos.

Si bien es un libro cortito que se lee muy rápido, hubo partes que se me hicieron cuesta arriba. Son páginas y páginas que describen la frustración de un cuarentón (Jay) que no puede entender cómo terminó viviendo con su mujer, una manojo de reproches y amargura que, dormida, reacciona ante una caricia como si fuera una patada. Es, también, la crónica del desencanto de una generación entera que no sabe muy bien cómo pararse en su vida llena de confort, libros, openings y avant premiers.

Pero leer cómo a ese tipo, al que las ilusiones se le fueron secando hasta convertirse en pasas de uva, se le rompe el corazón ante la inminente separación de sus dos hijitos me llenó de ternura. Hay escenas de mucho amor como cuando, en el medio de sus preparativos para rajar, uno de los nenes se levanta dormido y Jay lo acaricia, le cambia los pañales y lo vuelve a dejar en la cama sabiendo que es la última vez que lo va a hacer. Fue gracias a estos momentos que pude reconciliarme con él y entender que, de alguna manera, su decisión de irse también implica algo (o mucho) de esperanza y de fuerza para volver a empezar.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Arde Londres

Acabo de terminar de leer "The Buddha of Suburbia", de Hanif Kureishi. Pero qué linda novela. La compré hace dos años con mi prima Male en Buenos Aires; ella estaba fascinada con varios escritores de África y de Asia y yo me copé y le seguí la corriente. Male no lo leyó todavía pero a mí me gusta pensar que mi lectura fue un homenaje a ella. Male, como el protagonista, es actriz y, además de haber vivido en Londres por un año, siempre fue una enamorada de esa ciudad.

No es la primera vez que leo ficción sobre Londres. Hace un par de años leí "White Teeth", de Zadie Smith, y también hablaba de las relaciones ambiguas y enmarañadas y contradictorias entre la ciudad y sus habitantes, sobre todo los inmigrantes de las ex colonias y las generaciones que van naciendo de las diferentes mezcolanzas. Pero si bien "White Teeth" me gustó y si bien odié a Zadie Smith por haber escrito semejante novela a los 25 años (SÍ, VEINTICINCO), los personajes no lograron conmoverme tanto. Ni me reí sola a carcajadas, como me pasó con "The Buddha".

El protagonista se llama Karim y es hijo de un indio y una inglesa. Está ambientada en los 70 y es una historia de "coming of age". La ciudad se mete todo el tiempo en la novela. Lo increíble es que las descripciones de Londres, sobre todo de los suburbios, son implacables pero dignas. Más allá de la decadencia, de la ropa raída y los zapatos berretas, del desempleo y los trabajos de mierda, la gente no pierde su humanidad y las personas no son parte de la decoración.

Como decía, hay mucho humor, mucha ironía y mucho sarcasmo. Kureishi se burla de todos: de la clase media obrera, de los intelectuales pseudorrevolucionarios, de los artistas fascinados con lo étnico, de las contradicciones de los inmigrantes. Hay varios personajes entrañables a los que uno tiene ganas de abrazar, y siempre en medio de las situaciones más dramáticas o conmovedoras hay algo que te hace sonreir o directamente largar una carcajada (como, por ejemplo, una erección en pleno velorio). También se caga de risa con el sexo: a Karim le gustan las minas pero al principio de la novela se enamora de un flaco; hay crónicas de encuentros de toda índole en baños públicos o en las butacas de un teatro, y un menage à quatre que hace que todo se vaya a la mierda. Resumiendo: plis leanlón.