No es la primera vez que leo ficción sobre Londres. Hace un par de años leí "White Teeth", de Zadie Smith, y también hablaba de las relaciones ambiguas y enmarañadas y contradictorias entre la ciudad y sus habitantes, sobre todo los inmigrantes de las ex colonias y las generaciones que van naciendo de las diferentes mezcolanzas. Pero si bien "White Teeth" me gustó y si bien odié a Zadie Smith por haber escrito semejante novela a los 25 años (SÍ, VEINTICINCO), los personajes no lograron conmoverme tanto. Ni me reí sola a carcajadas, como me pasó con "The Buddha".
El protagonista se llama Karim y es hijo de un indio y una inglesa. Está ambientada en los 70 y es una historia de "coming of age". La ciudad se mete todo el tiempo en la novela. Lo increíble es que las descripciones de Londres, sobre todo de los suburbios, son implacables pero dignas. Más allá de la decadencia, de la ropa raída y los zapatos berretas, del desempleo y los trabajos de mierda, la gente no pierde su humanidad y las personas no son parte de la decoración.
Como decía, hay mucho humor, mucha ironía y mucho sarcasmo. Kureishi se burla de todos: de la clase media obrera, de los intelectuales pseudorrevolucionarios, de los artistas fascinados con lo étnico, de las contradicciones de los inmigrantes. Hay varios personajes entrañables a los que uno tiene ganas de abrazar, y siempre en medio de las situaciones más dramáticas o conmovedoras hay algo que te hace sonreir o directamente largar una carcajada (como, por ejemplo, una erección en pleno velorio). También se caga de risa con el sexo: a Karim le gustan las minas pero al principio de la novela se enamora de un flaco; hay crónicas de encuentros de toda índole en baños públicos o en las butacas de un teatro, y un menage à quatre que hace que todo se vaya a la mierda. Resumiendo: plis leanlón.